Mi historia
Estefanía Magdaleno, masaje tailandés en Granada
Cuido con ternura y comunico con valentía.
Llevo más de trece años acompañando cuerpos con las manos, y desde hace más de ocho me dedico al masaje tailandés. Me formé en una escuela de masaje tailandés y aprendí a diario junto a su maestro. Hoy trabajo desde mi propio espacio, en Granada.

Una tarde, sin esperarlo
Todo empezó casi por accidente. Una amiga daba masajes y, un día, los masajistas con los que contaba la dejaron tirada. Tenía clientes esperando y alguien tenía que entrar a atenderlos. Ese alguien terminé siendo yo, sin formación y con cuatro cosas que ella me había enseñado un rato antes. Recuerdo entrar bastante asustada, pensando: «¿Pero qué hago yo aquí?».
Al terminar, la mujer me dijo: «No sé dónde habrás estudiado masaje, pero ha sido el mejor masaje que me han dado en mi vida». Ahí pensé, por primera vez, que quizá tenía algo. Y decidí formarme.
El pie que lo cambió todo
El masaje tailandés llegó después, también por casualidad. Trabajaba en una revista y fui con una compañera a una escuela de masaje, solo para hablarles de publicidad. El profesor me cogió un pie y presionó varios puntos. Algunos dolían bastante.
Cuando apoyé el pie en el suelo, la diferencia con el otro era enorme: sentía mucho más apoyo. Me impresionó que se pudiera provocar un cambio tan evidente en tan poco tiempo. Pensé: «Yo quiero aprender esto». Poco después de empezar a estudiar me ofrecieron trabajar allí, junto al maestro, para observar, preguntar y aprender cada día.

Lo que veo hoy
Cuanto más aprendía, más me fascinaba su profundidad. Con los años ha cambiado mi forma de entender el masaje. Al principio pensaba en músculos, tensiones y dolores. Hoy veo un cuerpo entero: músculos, postura, respiración, descanso y estado de ánimo. Y todo está relacionado.
No hablo como terapeuta ni como gurú. Hablo como alguien que también se desconecta y aprende, cada vez, a volver. Sigo dedicándome a esto porque todavía me sorprende todo lo que puede cambiar cuando alguien se permite parar, escuchar su cuerpo y darle el cuidado que necesita.
Dónde y cuándo
Te espero en Granada
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- En mi propio espacio, en Granada
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